Rápido, rápido, rápido, que no llego a mi asquerosa rutina diaria, no llego al trabajo del que me quejo diariamente, no llego a ver a mis compañeros de trabajo de tanto odio.

Rápido, rápido que no llego a casa para no hacer absolutamente nada, salvo en el mejor de los casos pegar a mi mujer. Y como tengo tanta prisa creo que voy a adelantar mientras hablo con el móvil. Si no encuentro a quien llamar con el móvil pues me entretengo hablando con el “copiloto”, o mirando cualquier otra cosa que no sea la carretera.

Tranquilo, volvemos en el coche, aún podemos beber muchísimo, no creas que iba a salir de copas sin el coche… imagina lo que podemos tardar luego en volver a casa.

Cada uno se busca su propia suerte, y el día que vea morir a una persona en las circunstancias expuestas no diré: “pobrecito, era tan joven”. En todo caso pensaré que es una lástima que no haya matado a otro con prisas o a un borracho, o mejor aún, pensaré que el accidente no fue lo que le mató, sino el alto contenido en sangre y el fuego ardiendo lentamente.