A – No lo apoyaría, es contrario a mis principios. Hay que poner un límite a los científicos.
D – Estoy totalmente de acuerdo, los muy cabrones intentan curar a los paraplejicos solamente porque les tienen envidia.
Aunque pensandolo bien, me parece muy normal que les tengan envidia, los muy pendejos tienen todo lo que quieren; plazas de aparcamiento allá donde vayan, descuentos en todo lo que puedas pensar; seguro que incluso les hacen descuentos en los cursos de gimnasia deportiva. Encima muchos de ellos ni siquiera se molestan en andar, van de un lado para otro en una silla que les lleva; y yo aquí malgastando tus piernas.

Puede que ya no se te ocurra ningún modo de evitar que los científicos trabajen con celulas madre, por eso más vale que te pongas a pensar un buen rato en el tema.

Pero para facilitarte la tarea voy a dar un razonamiento/ razón/ excusa tan sólida que es imposible de rebatir: la fe. ¿No me creen? Miren a los cristianos, les lleva funcionando ya desde hace mucho tiempo. Puede que te digan que tu fe no responda a la lógica, lo cual es evidente, se trata de creencia no de comprensión.

Ampararte en la moral generalmente viene a ser lo mismo, sólo es una cuestión de semántica; “tranquilo, tengo mi moral, con esa por delante llegamos a cualquier sitio”.

Ejemplo: hay seres para los que investigar con celulas madres les parece inmoral, porque para ellos es muy cruel experimentar con esas celulas; las pobrecitas también tienen su corazoncito. Es mucho mejor dejar morir a la gente con cancer, o dejar que la gente disfrute de su paraplejia.

Les parece moralmente aceptable pensar así, y qué puedes hacer frente a eso, qué les voy a decir, ¿que su moral está equivocada? Me contestarían que es su moral, y que pueden pensar como les apetezca.

Diego: Y tú estás personificando el problema, intentas confundir al lector metiendo los sentimientos de por medio; apelas a la moral de la gente para que no dejen morir a los cancerosos, o para curar a los vegetales; le restas importancia al estudio de las células madre; e identificas a los objetores con algo malo: el cristianismo. Te ha faltado muy poco para decir: “es que nadie va a pensar en los niños”. No le pides a la gente que cuestione su moral, sino que les pides que acepten tu moral.