Celulas madre o “como sostener cualquier argumento por tonto que pueda parecer”
Diego – Imagina que las celulas madre realmente puedan curar las enfermedades degenerativas…
Antiyo – aunque en la mayoría de los casos la estupidez degenera en más estupidez, dudo mucho que sea tratable; ya deberías haber deshechado esa posibilidad.
D – Por un momento pensé que podríamos hablar de algo que no fueses tú. Algún día podrías probar a permanecer callado más de diez segundos.
A – …en cambio la esquizofrenia si que es tratable…
D – Felicidades, quitando esa enfermedad de tu cuerpo solo te quedaría por curarte el homosexualismo. Además soy el único que aun te soporta.
Es una pena haber nacido en ésta época, me habría gustado nacer en una probeta, teniendo la absoluta certeza de que no enfermaré, con lo mejor de mi padre o de cualquier otro padre, y con todo el odio de mi madre; me gustaría saber que soy un humano válido.
Y si la cosa fuera a más aún; imaginen como aumentaría la competitividad, todos tan fuertes e inteligentes como nos fuera posible… el físico de un negro, la capacidad para los negocios de un judío, y la autodeterminación de un musulmán.
Pero la procreación controlada y selectiva no es el objeto de las investigaciones actuales con las celulas madre, al menos eso acostumbran a decir. Y sin tener un mayor conocimiento de dichos estudios (en muchos casos, aún sin empezar debido a las prohibiciones de los gobiernos), no es justo, ni siquiera plausible acusar a un científico de ese dudoso crimen que es investigar con células, y más en ausencia de ningún argumento sólido (que haya oído hasta ahora).
E insisto, no son niños perfectos lo que se busca en esos estudios, sino la cura a ciertas enfermedades. Y si otros, basándose en el conocimiento de las celulas madre, clonasen seres humanos con intenciones malvadas (tales como la creación de un ejército de abogados), los responsables del primer estudio no serían culpables de nada.
Analogamente…
…un día te das cuenta que la cuchara y el tenedor están muy solos en la mesa, y que ni la cuchara ni el tenedor tienen las aptitudes necesarias para partir los filetes. Entonces tienes la genial idea de inventar algo parecido a una espada pero con las dimensiones adecuadas para cortar el filete; y es entonces, cuando estás a punto de convertirte en el inventor del siglo, una persona te interrumpe: “me temo que no voy a permitirle hacer ese estudio; existe el riesgo de que, una vez haya inventado esa herramienta, la gente la utilice para cortarse entre sí”.
No pretenderan cargarle al inventor del cuchillo todas mis víctimas, eso no es propio de ustedes… de un canadiense si me lo podría esperar.