Era una noche tranquila en el nauseabundo bar que frecuentaba con mis amigos. Noche aburrida “análoga” a semanas-meses-años anteriores: demasiado alcohol y poca chica bonita y yo que soy una persona que no soporta demasiado bien el aburrimiento y que perfectamente se podría asegurar que vivo dentro de una mente enfermiza (y muy a gusto por cierto), comencé a oir voces que resonaban en mi cabeza. Pensando en la razón de las voces, no creo que se debieran al alcohol sino más probablemente pudiera haber sido un mecanismo de defensa contra el aburrimiento, A veces creo que no me merezco un cerebro tan divertido como el que tengo. Siempre intentando distraerme a toda costa. Bueno, la cuestión es que aquellas voces me asustaron. Cada vez eran más fuertes: “¡QÚEMALA, QUÉMALA!”, y claro, me vi en un callejón sin salida. Le dije a mi amigo de al lado que quemara a nuestra compañera, y tras oir su cobarde negativa, , tuve que arrebatarle el pitillo, acercarme lentamente, y ante su incredulidad/escepticismo, apagarle el cigarro en el brazo mientras sonreía y le/la miraba a los ojos. Momentos de desconcierto/estupefacción. Lágrimas. Pero yo creo que mereció la pena. Había que caldear el ambiente y no se me ocurrió otra manera para que la noche cambiara su rumbo. Al final todo de buen rollo, comprendiendo que soy como soy, que en realidad no tenía otra opción.
Posdata: si me encontrara en la misma situación, la volvería a quemar
Postdata2: no lo hagan a sus amigos. La gente es rencorosa por naturaleza. Me habrán apagado del orden de 5 cigarros desde entonces (y creo que me gusta).
Posdata3: hay una persona que se fue un poco quemada a la cama aquella noche (lo siento, pero tenía que decirlo)

